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Consultas, ponencias y editorial de trabajo
En un artículo reciente, la periodista Ana Paula Ordorica presenta los salarios de los militares, de acuerdo con información proporcionada por el IFAI que usa datos de 2009. Allí nos enteramos de que la categoría más alta, la de general de servicios, ganaba nominalmente poco más de 10 mil pesos, pero que a ello se le agregaba un sobresalario mensual equivalente a 90% del salario (poco más de 8 mil pesos) y además una compensación también mensual de casi 154 mil pesos, con lo cual el salario se convertía en poco más de 173 mil pesos. Por su parte, la categoría más baja, la de soldado raso, ganaba en el papel casi 2 mil 500 pesos, tenía un sobresalario de casi 2 mil 250, una despensa de 300 y una compensación mensual de 2 mil 500, con lo cual la suma total era de poco más de 7 mil 500 pesos. Entre estos dos extremos se movían los salarios de todos los demás grados militares, que son 12.
Según el investigador Guillermo Sheridan, en un artículo de hace dos años (para que los datos se parezcan usamos los del 2010), el rango más alto de profesor-investigador en la UNAM, el titular C de tiempo completo, era de casi 16 mil pesos más compensaciones por despensa y antigüedad (por ejemplo, alguien con 30 años de trabajo agregaba 13 mil pesos a su sueldo). A ello se le podían sumar otras compensaciones, si el investigador decidía participar de las evaluaciones periódicas por parte de pares en sistemas internos y externos a la institución y si las pasaba. El más alto de los estímulos internos rondaba los 34 mil pesos y el más alto de los externos rondaba los 20 mil, con lo cual resultaba que un académico con los más altos niveles obtenía unos 84 mil pesos al mes, a los que había que restarle los impuestos y otros descuentos. Por su parte, el nivel más bajo, de investigador asociado A de tiempo completo, ganaba unos 8 mil pesos más ayudas para despensa y material didáctico. Entre esos dos extremos se movían los salarios de los cuatro niveles que hay entre ambos.
A simple vista resulta obvia la significativa diferencia entre la valoración que se le da a un general y a un profesor-investigador. El nivel más alto al que puede llegar este último es menor que el de un coronel, y eso después de décadas de trabajo y de pasar complejas evaluaciones. Supongo que esta valoración se establece con base en la suposición de que el país necesita más a los militares que a los académicos. Quienes creemos que la educación y la investigación son claves para México no estamos de acuerdo, pero es obvio que quienes autorizan los presupuestos sí.
Y más todavía: es precisamente esta gente la que además considera que un diputado o un funcionario le hacen más falta al país que los militares y que los académicos. Por eso el sueldo nominal de un diputado ronda los 150 mil pesos y el real, con todas las compensaciones que se le agregan, ronda los 218 mil.
Pero si aplicamos la misma pregunta a los niveles más bajos de salarios, nos sorprendemos al encontrar que valen más o menos lo mismo un profesor-investigador y un soldado raso. Sólo que este último encuentra trabajo más fácilmente que aquél, y cuando ya lo consigue tiene más dificultad para conservarlo y para lograr ese salario.
Y es que muchísimos jóvenes que tienen estudios no tienen trabajo o lo tienen mal pagado. En una serie de entrevistas llevadas a cabo recientemente para conseguir un ayudante temporal para su investigación, un colega se encontró con el siguiente cuadro: lanzó por las redes sociales la oferta de una plaza y recibió más de 60 respuestas de personas con estudios de posgrado y experiencia, que, sin embargo, estaban dispuestos a aceptar ¡un salario mínimo! con tal de conseguir empleo. Eso sí que es la desgracia nacional.
Por eso habría que repensar el discurso de moda según el cual la mejor manera de apoyar a los llamados ninis es hacer que estudien. Eso no es del todo cierto, pues muchas veces el título no basta para conseguir trabajo o salario digno.
