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Cambio y fuera/La Estela sin Luz por Adriana Malvido
11 de Enero de 2012

Con la inauguración de la Estela de Luz culmina el largo y sinuoso camino de los festejos oficiales del Bicentenario de la Independencia que, lejos de fiesta, se convirtieron en costosa pesadilla que deja su huella tangible en el Paseo de la Reforma, la avenida más emblemática de México, con un monumento denostado hasta por su propio diseñador, el arquitecto César Pérez Becerril.

Desde que el jurado del certamen eligió en 2009 una estela y no un arco como indicaba la convocatoria, el proceso se cuestionó. Tras meses de inactividad, el 15 de septiembre de 2010 sólo se veían grúas estacionadas frente a la explanada de Chapultepec en donde iría la Estela de Luz con las dos columnas de cuarzo y una plaza de tres hectáreas. Poco a poco la suciedad emergió, incluyendo la denuncia de Pérez Becerril acerca de las presiones del titular de la SEP, Alonso Lujambio, para que callara sobre la corrupción en el proceso, hasta que lo expulsaron del mismo.

A la alteración y reducción significativa del diseño original y las irregularidades por las que 27 funcionarios fueron cesados; la elevación del costo de 400 millones a más de mil millones de pesos y el retraso de año y medio en la realización de la estela, se suma la indignación social, que lejos de reconocer al monumento como “un símbolo de la historia nacional y un hito de la ciudad”, según lo llamó el presidente Calderón al inaugurarlo el sábado, lo considera símbolo de la corrupción.

Dos días antes, en la autopista Durango-Mazatlán, Calderón inauguraba el puente Baluarte, catalogado como el “más alto del mundo”, con mil 124 metros de largo y suspendido a 402 metros del río. Costó 2 mil 180 millones de pesos. Es decir, apenas el doble de una estela de 104 metros.

Por la memoria transitan: el Coloso que terminó en la basura, el nuevo y costoso edificio del Senado sobre Reforma, la remodelación de la sala principal del Palacio de Bellas Artes inaugurada con retraso y cuestionada por especialistas… Gobiernos antes, el busto de Colosio en Polanco, que es un insulto a la mirada… Más atrás: aquella fuente “de los hongos” que sustituyó arbitrariamente a la Diana Cazadora hasta que ésta fue repuesta en su sitio…

La Estela de Luz podría convertirse, sí, en símbolo de una “nueva era”, pero sólo si el clamor y las protestas se traducen en una exigencia permanente para que el paisaje urbano no quede en manos de políticos o delegados en turno que de pronto deciden “ornamentos” a su gusto. Hay ejemplos de organización ciudadana exitosa en la defensa del paisaje urbano. Sin sus acciones la Ruta de la Amistad habría desaparecido, las Torres de Satélite estarían perdidas en el segundo piso del Periférico y Altavista llevaría hoy el nombre de José Luis Cuevas.

A corto plazo urge la rendición de cuentas. A la larga, una mayor participación de ciudadanos y expertos en arte urbano durante la toma de decisiones. Para no ver la Estela de Luz y quedarnos en el lamento (…) sabiendo que los puentes están rotos/ y que un campo difunto/ se extiende estéril, puro, sin posible/ redención. / En silencio (Juan Eduardo Cirlot).