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El quinquenio (2006-2011) de los pocos logros editorial por José Luis Reyna
5 de Septiembre de 2011

El jefe del Ejecutivo envió al Congreso su quinto Informe de labores como responsable de la Presidencia de la nación. Una evaluación de lo dicho y hecho en este lapso se impone. Para ello he recuperado algunas proposiciones de Felipe Calderón cuando era candidato presidencial del PAN. Las mismas fueron pronunciadas el 25 de abril de 2005, en el contexto de un debate público entre los diferentes candidatos presidenciales. Fueron cuatro las argumentaciones que, con mucho énfasis, expuso el entonces candidato Calderón. Enumerémoslas: 1) reducir los impuestos como un medio para generar más y mejores empleos, 2) trasparentar el uso de todos los recursos públicos, 3) garantizar la estabilidad económica para invertirlos lo mejor posible; las prioridades: escuelas, universidades y salud, 4) seguridad: que la población pueda salir a las calles con tranquilidad. Hagamos una revisión somera de lo anterior

1. Si ese era su plan de gobierno, una primera conclusión puede desprenderse: los resultados han sido magros. No corresponden con lo prometido, menos con lo comprometido. Calderón se autodeclaró el presidente del empleo: en julio pasado, 5.62 por ciento de la población económicamente activa del país se encontraba en la búsqueda de un empleo; casi 2.8 millones de personas. No se redujeron los impuestos, excepto la tenencia vehicular que entrará en vigor el 1 de enero del año entrante. Se incrementó el IVA de 15 a 16 por ciento. Los empleos que se generan son mal remunerados, sin las prestaciones mínimas correspondientes. A excepción de que ocurra un milagro en el último tramo del sexenio, Calderón no pasará a la historia como el presidente del empleo.

2. Sin duda ha habido avances, con relación al pasado, respecto a transparentar el uso de los recursos públicos. Aunque todavía hay áreas enormes de opacidad: sirvan de ejemplo los sindicatos, legado de la época autoritaria y corporativa, como son el sindicato del magisterio que preside la “maestra” Gordillo o el de Pemex, encabezado por un trabajador cuyo patrimonio personal es abultado. Agréguese a lo anterior esa proclividad del gobierno federal de crear puestos muy bien pagados. La burocracia mexicana es una de las mejor pagadas del mundo y no hay una rendición de cuentas de por qué fueron creados esos puestos, y menos aún para qué. Calderón pasará como un presidente ubicado en la zona gris del espectro: ni transparente ni opaco.

3. Es innegable que ha habido avances en el rubro de salud. Tal vez sea el área en que más se avanzó durante este quinquenio, pese a que prevalecen todavía muchos rezagos. Lo anterior tiene que ver con un aumento en la esperanza de vida de los mexicanos. Un recién nacido hoy tiene la probabilidad de vivir alrededor de 75 años. Sin embargo, pese a que se destina una cifra cercana a 7 por ciento del PIB para el ramo educativo, en particular para la educación básica (primaria y secundaria), nuestros estudiantes no sobresalen en las competencias internacionales. Como regla general, los mexicanos tienden a ser los últimos si se considera ese grupo de países que integran la OCDE. La explicación, trillada por cierto, es que el sindicato magisterial es un coto de poder político más que una institución que salvaguarde la calidad de la educación. La prueba de lo anterior se encuentra en cualquier competencia internacional para sostener lo anterior. Es un problema de nuestros estudiantes enfrentar los retos de la comprensión de lectura y matemáticas.

4. La seguridad: el fracaso mayor de esta administración. Hoy es imposible, como dijo el candidato Calderón, salir a la calle con tranquilidad. Ésta se perdió: se convirtió en miedo real. El último día de agosto, de acuerdo con el recuento de MILENIO Tv, más de 43 mil personas habían perdido la vida. Este será el sexenio de los 50 mil muertos. Es posible suponer que Felipe Calderón apostó a que, con la aparentemente fuerte infraestructura del Estado mexicano, era posible enfrentar ese cáncer que ya se diagnosticaba lustros atrás: abatir la delincuencia organizada. La coyuntura del proceso electoral de 2006 hacía indispensable encontrar una fuente de la que brotara legitimidad política. No se tomó en cuenta, sin embargo, que parte de esa infraestructura estaba podrida, infiltrada y en consecuencia al servicio no de la función del Estado, sino del interés de la delincuencia muy bien organizada.

Hoy en día es imposible recular. Habrá que seguir adelante en esta confrontación, entre bandas y entre éstas contra las autoridades públicas. Resulta innecesario volver a describir las tragedias que se padecen día a día. En contraste, conviene tomar conciencia que, dado el momento por el que el país transita, es necesaria, en efecto, la unidad de la sociedad. La unidad contra dos enemigos más terribles que la propia delincuencia: la corrupción y la impunidad. El día que estos monstruos empiecen a vulnerarse, ser sujetos de un ataque frontal, será el día que el Estado empezará a recobrar la fuerza que otrora tuvo y cumplir una de sus funciones básicas: el cuidado de la sociedad.

Un balance de lo que ha pasado en los últimos años no tiene por qué conducir a conclusiones catastrofistas. Es posible afirmar que el país tiene los recursos materiales y humanos para superar la crisis en la que estamos. Es necesario enfilar las baterías para disminuir los niveles de pobreza que se asociación con la inseguridad. Un país cuya población está compuesta por 50 por ciento de pobres es, por definición, una nación insegura. Es necesario redoblar el esfuerzo, como política pública, para disminuir la enorme desigualdad que nos envuelve. Es urgente desmantelar el aparato autoritario que coexiste con ese proyecto de un régimen democrático y una nación más moderna.

Los 15 meses que restan de esta administración presidencial no atestiguarán avances significativos. Sin embargo, hay que evitar que el desplome no se acentúe y que la unidad en torno del Estado mismo sea realmente el objetivo que nos propongamos como ciudadanos de una nación en crisis. Un quinquenio de pocos logros. Habrá que decir que no toda la responsabilidad recae en el Presidente. Los otros poderes de la unión, en particular el Legislativo, no fueron un sostén para promover los avances que el país requiere. Pero, como en todo ciclo, es pronosticable que los tiempos podrán mejorar.

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