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Heterodoxia / Gasto... por José Antonio Álvarez
29 de Agosto de 2011

En el ADN de todos los problemas del país se encuentran la corrupción y la impunidad.

Estas dos patologías sociales son las que crean las condiciones propicias para la inseguridad, la violencia, la pésima educación pública, la ineficiencia gubernamental y el pobre desempeño de nuestra economía.

Los empeños de nuestros mejores hombres y mujeres para disminuir la impunidad y acotar la corrupción han fracasado, entre otras cosas, por la permisividad cultural mexicana a las conductas deshonestas.

El mal ejemplo cunde. El éxito político y social lo da la opulencia, la ostentación, los excesos. En cambio, la honestidad, la austeridad y la mesura están mal vistos y calificados.

Lo importante en nuestros códigos cotidianos es poseer objetos y dominar conciencias, no haber logrado ser alguien. El reconocimiento público es para el que tiene y presume, y no para el que sirve y ayuda.

Los manoteos de las Ladies de Polanco, bajando de su lujosa camioneta, ante el pobre policía asustado, define buena parte de la ética social mexicana. “Pinche asalariado” es el grito de desprecio de las señoras alteradas y seguramente arribistas free lancers de la vida.

Pasan los años y las décadas y el desperdicio y el uso patrimonial de los recursos del país crece cada vez más. Ahora, a la oscuridad en las finanzas de Pemex, la CFE, el Seguro Social y el ISSSTE, se agrega el exceso y la opacidad en la deuda de estados y municipios. Las innumerables agencias y reglamentaciones para combatir el mal no han logrado prevenir el robo, ni han conseguido sus propósitos de saneamiento.

El país ha aguantado y sobrevivido a esta sangría gracias a la abundancia de sus recursos y al inexplicable aguante de sus habitantes. Pero como la codicia patológica no tiene límites, los abusos se han incrementado a un grado tal que en nuestros días ya ponen en peligro las finanzas públicas de las regiones y fomentan peligrosamente la desconfianza mutua y el resentimiento social.

En Europa, cuya economía también está en crisis por los excesos del gasto público, se ha puesto en práctica una medida de salud pública que ya ha sido aprobada en Alemania y se está procesando en los congresos de Italia, España y Portugal.

La medida es simple y contundente: agregar al texto Constitucional un artículo que límite la deuda pública al mínimo necesario para cubrir las emergencias por los desastres naturales o sociales. Menos de 2 por ciento del presupuesto anual.

En nuestro país, esta medida de racionalización del gasto, junto con la transparencia absoluta de su ejercicio (cheque por cheque y factura por factura) ayudaría a erradicar la corrupción y la impunidad de nuestra vida política.

No se trata de ocurrencias, sino de medidas que se están tomando en este momento en las democracias europeas.

Vivimos un momento difícil. Es la hora de aplicar grandes remedios a los enormes males que nos aquejan. Por simple sentido de sobrevivencia para preservar lo que el país y muchas familias han logrado con su esfuerzo, nos conviene actuar con sensibilidad y determinación. Nuestra incipiente democracia está en riesgo.

Mientras no logremos detener la corrupción y la impunidad de los políticos abusivos, no disminuirá la violencia y el deterioro desastroso del país. Los sangrientos avisos ya están por todas partes.