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Transparencia: nueva década por Juan Ciudadano
6 de Junio de 2011

Ya son 10 años de la publicación de la Declaración de Oaxaca. Con ello se cierra una década de lucha por formalizar en normas concretas el derecho de los mexicanos a conocer.

En mayo de 2001 se publicó en desplegados y notas periodísticas un documento elaborado por un grupo de académicos y periodistas -el Grupo Oaxaca- en el que se exigía al Presidente Vicente Fox cumplir con su promesa de campaña de transparentar el quehacer público.

El Grupo redactó su propia propuesta de ley, ganó espacios en los medios, gestionó el tema con los actores relevantes y se metió a la discusión legislativa para que, finalmente, en 2002 quedara aprobada la Ley de Transparencia y Acceso a la Información.

Se ha comentado lo valioso de aquel esfuerzo; ahora valdría la pena hacer la crítica de lo que le ha faltado al Grupo Oaxaca y a otros actores relevantes en estos 10 años:

1. Grupo Oaxaca

Más allá de las aportaciones individuales de quienes participaron en aquel Grupo y siguieron trabajando en la causa en estos años, faltó la continuidad del trabajo en equipo.

El capital de credibilidad que acumuló el Grupo Oaxaca pudo haber sido el factor que hiciera la diferencia ante los embates de una burocracia y una clase política que en su mayoría se sigue resistiendo a abrirse.

2. Formadores de opinión

La coartada de la lucha por la seguridad como una tarea que está por encima de cualquier otro tema de la agenda pública ha sido costosa. Ésta no se ha contrarrestado con visiones claras y posturas con la suficiente contundencia a favor de la apertura informativa, incluso como un elemento para impulsar el profesionalismo y la probidad de la fuerza pública.

Por el contrario, se ha aceptado, implícitamente, que la transparencia pasa a segundo plano cuando el Estado necesita margen de maniobra para enfrentar al crimen organizado.

Esta rendición a favor de una supuesta eficacia nos tiene estancados sin transparencia, pero también sin posibilidades de combatir la corrupción y subirles los estándares de actuación a los actores del sistema de seguridad y justicia.

3. El IFAI

Siendo tan joven el IFAI no puede darse el lujo de vivir de su buena inercia. Todavía en proceso de institucionalización, la fuerza del IFAI es, en buena medida, la fuerza de sus comisionados en lo individual y del Pleno formado por el conjunto de ellos.

Enfoque y celo por defender su independencia han sido dos de sus carencias que más han costado en credibilidad y resultados concretos.

El IFAI se ha distraído en temas que, siendo importantes no están en el corazón de su misión. Han perdido enfoque también por la cantidad de energía que consumen las grillas internas entre comisionados.

El organismo ha perdido credibilidad porque se ha vuelto normal que el Presidente de la República (el regulado) ponga a funcionarios de su equipo cercano como comisionados del IFAI (el regulador); o bien, en la dirección opuesta, se traiga a comisionados del IFAI a su Gabinete.

4. El Presidente

Además de lo ya comentado, el equipo de colaboradores con mayor responsabilidad en materia de apertura informativa es un gran estorbo a la causa.

El Secretario de la Función Pública no sanciona a funcionarios del Ejecutivo aun habiendo resolución del IFAI de por medio; el de Hacienda promueve contrarreformas en la materia; y el de Gobernación simplemente no tiene dado de alta el tema.

El Presidente Calderón tiene una responsabilidad mayor en el estancamiento del derecho a la información en el ámbito federal. Situación que no deja de ser paradójica, pues el logro más reconocido de su partido en el poder es precisamente lo avanzado en apertura informativa.

A meses de iniciar el proceso electoral rumbo al 2012 es fácil de prever que la transparencia del quehacer gubernamental no estará como tal entre las prioridades a debatir por quienes aspiran a la Presidencia o al Congreso.

Necesitamos hacer evidente que sin mayor transparencia y apertura informativa no hay forma de mejorar los mecanismos con los que los políticos rinden cuentas.

El reto es darle vida al viejo adagio que dice que no hay mejor desinfectante que la luz del sol.