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Transparencia y ahorro por Juan Ciudadano
30 de Agosto de 2010

En diciembre del 2009 el CEESP (Centro de Estudios Económicos del Sector Privado) solicitó a cada Secretaría de Estado información sobre los avances logrados frente a los objetivos de los programas sectoriales del Plan Nacional de Desarrollo.

No se les pidieron declaraciones patrimoniales, ni el personal de seguridad asignado a cada secretario, ni copias de los gastos de representación, ni facturas de teléfono celular. Sólo se les pidió lo que ellas mismas dijeron que serían sus objetivos en el Plan, cómo dijeron que medirían su cumplimiento; y dónde iban a la mitad del sexenio.

La SCT, la SEDESOL y la SSP, entre otras, se tardaron más de cuatro meses en responder. La SHCP, como siempre, juega con sus reglas y se pasa la transparencia por el arco del triunfo; hoy no ha respondido.

El título del estudio del CEESP cuyos resultados fueron dados a conocer la semana pasada es Midiendo el Desempeño del Gobierno Federal.

Muy a grandes rasgos su conclusión es que: 1) es muy difícil medir al Gobierno Federal porque las dependencias son propensas a establecer indicadores de gestión y no de resultados; 2) en los últimos tres años se han ejercido los presupuestos más altos de la historia; y 3) el cumplimiento de las metas sectoriales al tercer año de gobierno es de apenas la tercera parte.

Aunque a algunos les parezcan odiosas las comparaciones, en este caso es natural hacerlo con nuestro vecino del Norte cuyo Gobierno también se dice urgido por reducir gasto público. Accountable Government Initiative, es el nombre del esfuerzo para Cortar Desperdicio y Modernizar al Gobierno del Gobierno estadounidense.

¿Cuál es la diferencia en la forma de operar un programa de eliminación de gasto público inútil, siendo la buena intención exactamente la misma?

En Estados Unidos los objetivos de este programa son a dos años, y no para todo el sexenio; el parámetro de medición es de resultados (no de gestión); y su éxito o fracaso se explica por la suma de dinero gastado.

En México la promesa del Plan Nacional de Desarrollo, además de operar con austeridad, es contar con documentos estratégicos y tener orientación a resultados; (estos) deben permitir relacionarlos con el presupuesto anual, a fin de asegurar su ejecución; y deben permitir hacer evaluaciones periódicas sobre el trabajo de las Dependencias.

La realidad es que se han ejercido los presupuestos más altos de la historia de México. Y una parte de la explicación, igual que con el Gobierno de Vicente Fox, es que el enfoque a la transparencia y la rendición de cuentas es totalmente reactivo: si nadie me pide a nadie informo, y cuando me solicitan información le saco la vuelta o arrastro los pies.

En el programa Accountable Government Initiative el enfoque es proactivo; transparencia como rebajador de grasa al Gobierno. La primera acción enlistada en el programa es revisar con el Congreso y de cara a la sociedad línea por línea el presupuesto.

Entre el año 2000 y el año 2008 el gasto del Gobierno Federal americano a través de contratos con empresas privadas creció en 500 mil millones de dólares. A partir del año 2011 la reducción anual (con respecto a 2008) en gasto a través de contratistas será de 40 mil millones y entre las herramientas clave para lograrlo está: facilitar la vigilancia del gasto y favorecer la rendición de cuentas.

Sólo para darnos una idea, para el presupuesto del 2011 hay una partida de 158 millones de dólares para apoyar a las agencias privadas interesadas en la vigilancia del gasto gubernamental.

Para nuestra Secretaría de Hacienda esto es una locura: transparentar gasto por iniciativa propia, cumplir con indicadores sin que te lo exijan, invitar al Congreso a identificar áreas de ahorro potencial, pagar para que te vigilen.

¿Propuestas de un gobernante ingenuo?

Los que han sido probadamente ingenuos han sido los presidentes Fox y Calderón que tienen una década prometiéndonos que adelgazarán al obeso aparato gubernamental que recibieron del PRI y la realidad es que no han sido capaces, no digamos de adelgazar, ni siquiera de detener el crecimiento del monstruo.

Cambiar haciendo lo mismo, eso sí que es ingenuo.

juanciudadano@juanciudadano.com