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Parece cuento de García Márquez, pero es una historia real. Lucía Sánchez, tesorera del Congreso de Quintana Roo, sentía que era víctima de un maleficio. La funcionaria acudió con una bruja que le prometió curarla del funesto sortilegio. La hechicera le hizo una limpia y le prometió hacer una magia para duplicar todo el dinero que pudiera conseguir. Presta y obediente, Lucía fue al banco y retiró 400 mil pesos de la nómina del Congreso estatal. La tonta puso el dinero en una maleta y le entregó el bulto a la bruja, quien prometió transformar el salario de los diputados en un botín de 800 mil pesos. La única instrucción que le dio la bruja a la tesorera fue: No abras la maleta hasta llegar a tu oficina. La hechicera transformó los fajos de billetes en paquetes de papel periódico. La historia ocurrió en marzo pasado. De la bruja no hay noticias. Lucía Sánchez dejó el cargo de tesorera, pero continúa trabajando en el Congreso como auxiliar administrativa. Después de perder 400 mil pesos del erario fue imposible correr a la ex tesorera ya que estaba afiliada al sindicato.
Va otra historia verdadera. Un amigo consiguió chamba como prominente asesor de un secretario de Estado en el gobierno federal. En su primer día de trabajo descubrió que tenía a su disposición 11 choferes. La antesala de la oficina de mi cuate siempre estaba llena de conductores ociosos en espera de hacer un mandado o llevar un recado. Una mañana mi amigo entró a su oficina y vio a varios integrantes del batallón de choferes con un atuendo singular: camiseta de manga corta, shorts, calcetas, espinilleras y zapatos de futbol. Al cuestionar el motivo del uniforme, un trabajador le contestó: Fíjese, licenciado, que hoy es martes y nos toca partido de la liga de la Secretaría, así que no vamos a estar disponibles durante las próximas horas. Mi cuate alcanzó a revirar: Ojalá que los próximos partidos se puedan jugar fuera del horario de trabajo. El defensa central con oficio de chofer se indignó con el comentario de su jefe: Licenciado, usted tiene un problema personal con nosotros, ¿verdad?.
Hace unas semanas, la Secretaría de Hacienda presentó un modesto plan de austeridad para recortar 40 mil millones de pesos del gasto federal, durante los próximos tres años. Esto representa apenas reducir 40 centavos anuales por cada 100 pesos de presupuesto. ¿De veras los diputados quieren una reducción profunda del gasto público? ¿Neta? Para lograr eso tendrían que aprobar una reforma laboral que permitiera despedir a una tesorera inepta y a una onceava de choferes que juegan futbol en horas de trabajo.
Manuel Molano, director adjunto del IMCO, sostiene que en México el despido es una ficción jurídica. Un trabajador despedido puede apelar en la Junta de Conciliación de Arbitraje, la cual se puede tardar años en deliberar. Si el patrón pierde el pleito, tendría que reinstalar al trabajador y pagar años o décadas de salarios caídos.
La propuesta de reforma laboral busca poner un límite de seis meses al pago de salarios caídos. Si la iniciativa se aprueba, después de un año de trabajo, un empleado despedido recibiría tres meses de salario por su indemnización legal. Si el trabajador decide irse a juicio, el patrón le pagaría hasta seis meses adicionales mientras se resuelve el proceso.
Los cuentos de la bruja y los futbolistas serían chuscos, pero son el reflejo de un desastre nacional. ¿Cuántos desempleados tienen mejores credenciales para trabajar como auxiliar administrativo que la ex tesorera del Congreso de Quintana Roo? ¿Cuántos migrantes a Estados Unidos estarían dispuestos a trabajar de chofer y no jugar futbol durante sus horas hábiles? El desempleo, la economía informal y la migración a Estados Unidos son, en buena medida, resultado de nuestras leyes laborales. Los senadores y diputados no le quieren cambiar ni una coma a la Ley Federal del Trabajo. ¿Para qué? si las cosas en México funcionan de poca madre, para las tesoreras incautas y los futbolistas amateurs.
