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Consultas, ponencias y editorial de trabajo
A pesar de las modificaciones al marco regulatorio de la empresa; a pesar de la creación de nuevas instancias de intermediación de la paraestatal con la sociedad; a pesar del momento por el que pasa nuestra economía en el que nuestra dependencia del petróleo se vuelve más onerosa que nunca, en materia de transparencia y rendición de cuentas, PEMEX sigue siendo manejada como una empresa privada.
Contrastan el deseo del Presidente de acortarle la rienda y la evidente insuficiencia de las palancas formales para abrir las puertas y ventanas de la institución al escrutinio -no digamos público- incluso de otras instancias estatales ajenas a la paraestatal.
1) STPRM: Dinosaurio a prueba de balas
Tras dos años de resistirse a entregar la relación de movimientos de personal realizados por el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), vino el fallo del IFAI ordenando la entrega de información. Pero las argucias legales no terminaron ahí, el sindicato ahora está amparado. En el 2007, PEMEX acordó con su sindicato dar movilidad al personal y aprovechar a trabajadores que ya no contaban con materia de trabajo.
Según el ex director de administración de la empresa, Rosendo Villarreal, alrededor de 2 mil personas cobraban sin trabajar.
El Comité de Información de Petróleos Mexicanos en lugar de hacer entrega inmediata de la información ha sido comparsa del sindicato. El 16 de diciembre este Comité hizo saber que estaba impedido para cumplir con el fallo del IFAI porque el STPRM promovió un juicio de amparo indirecto en contra del pleno del IFAI.
Si la voluntad del Presidente verdaderamente es transparentar el funcionamiento de PEMEX, no basta con poner nuevas reglas en el papel.
2) Nueva -y anémica- vigilancia técnica
A finales de 2008 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley que creaba la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Esta Comisión -independiente de PEMEX- pretendía ser una mirada especializada a la factibilidad tecnológica, económica y geológica de los proyectos de la paraestatal.
La CNH también sería la instancia de rendición de cuentas encargada de proponer mecanismos para evaluar la eficiencia operativa de la paraestatal. Pero el presupuesto autorizado para la CNH fue de sólo 60 millones de pesos, el 40 por ciento de lo solicitado.
En general es difícil justificar la creación de más comisiones en este País. En el caso de PEMEX parecía sensata la idea de ponerle a un vigilante independiente, especializado y con dientes. Nos dicen los diputados que no alcanzó, pero tal vez les faltó echarle números. Con un solo proyecto inviable o innecesario que esta Comisión nos evite, se paga y sobra para su operación anual.
3) Ecocidios sin culpables
Las historias de derrames en los ductos de PEMEX han dejado de ser noticia. El más reciente fue en el campo de Sánchez Magallanes en Tabasco. Pero ya nos acostumbramos, también, a que la paraestatal y las autoridades no hagan nada por llegar a la verdad.
Sobre el último derrame PEMEX dice que fue producto de un acto vandálico. El dueño del predio, en cambio, dice que esto es improbable. A la Profepa le resulta más fácil creerle a la empresa y darle cerrojazo a este incidente aplicándole multas.
¿De qué sirven las multas?, ¿a quién engaña el Gobierno cuando se pasa dinero de una bolsa a otra?
El más reciente intento del Presidente por darle a la sociedad una palanca para reducir el clima de dispendio e impunidad que priva dentro de PEMEX es la creación de la figura de los consejeros profesionales que, se supone, vigilarán a la empresa y participarán en su Consejo de Administración.
Los flamantes consejeros han dicho que están para que los ciudadanos les pidamos trabajo en sus diferentes ámbitos de especialidad; Fluvio Ruiz en tecnología, Rogelio Gasca Neri en medio ambiente y transparencia, Héctor Moreira en inversiones y Fortunato Álvarez en adquisiciones y auditoría.
Pongámoslos a trabajar.
