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Consultas, ponencias y editorial de trabajo
El Presidente Calderón acaba de plantear una reforma política de gran calado. Formuló su propuesta en 10 puntos. Comento brevemente cada uno.
1. Reelección de alcaldes hasta por 12 años. Ayudaría a que el ciudadano pueda premiar o castigar con el voto su desempeño. Además, les restaría poder a quienes dirigen las carreras políticas de los munícipes (líderes partidarios, gobernadores o poderes fácticos). Sin embargo, no queda claro por qué 12 años. El peligro es que disminuya la rotación en los puestos públicos, un rasgo relevante de la democracia. Considero que una sola elección consecutiva sería suficiente.
2. Reelección de legisladores hasta por 12 años. Al igual que en el punto anterior, esto podría impulsar una mayor conexión entre los representantes y sus electores. Del mismo modo, una sola reelección bastaría.
3. Reducción de 500 a 400 diputados y de 128 a 96 senadores. En cuanto al Senado se trata de volver a su origen federalista (que los estados tengan el mismo número de representantes, en este caso tres). Mas no coincido con la eliminación de diputados. Reduce costos pero se pierde representatividad. Se pueden conciliar ambos principios: bajar gastos en sueldos y prestaciones (eficiencia) y fomentar que los electores intervengan en las listas de candidatos plurinominales que formulan los partidos (representatividad).
4. Incremento de 2 a 4 por la votación mínima que requieren los partidos para conservar su registro. Eliminaría a partidos pequeños que más bien son negocios familiares o instrumentos electorales de poderes fácticos. No obstante, las minorías políticas legítimas difícilmente podrían sobrevivir. Habría otras formas de combatir la degradación de los partidos sin afectar la pluralidad: disminución drástica de su financiamiento, transparencia y rendición de cuentas, democracia interna.
5. Iniciativas de ley ciudadanas ante el Congreso. Excelente. Si alguien desea presentar una propuesta de ley para resolver algún problema público, ¿por qué no puede hacerlo? Es un mecanismo que fomenta una democracia más participativa y menos elitista. Faltó incluir la revocación de mandato.
6. Candidaturas independientes para todos los cargos de elección popular. Rompería el monopolio de los partidos para tener acceso a los puestos públicos. En las primeras leyes electorales del siglo 20 (las de 1911, 1917 y 1918) se permitían las candidaturas independientes. Es a mediados de siglo, en la ley de 1946, cuando se prohíben. El propósito del régimen era aumentar el control político. Quizás en esa época de autoritarismo tenía algún sentido, pero no en el actual contexto democrático.
7. Segunda vuelta electoral presidencial. Ventajas: le da una fuerte legitimidad al ganador, y obliga a que se formen alianzas electorales que quizá se conviertan en coaliciones parlamentarias. Sin embargo, Calderón propone que las elecciones legislativas se den al mismo tiempo que la segunda ronda. ¿Y si en la primera vuelta hay un candidato que obtiene más de la mitad de los votos?
8. Atribución de la Suprema Corte para presentar iniciativas de ley al Congreso. Sería positivo. Fortalecería al Poder Judicial, y por ende al equilibrio de poderes. Haría falta que los órganos autónomos del Estado (como el IFE o el IFAI) también tuvieran esta atribución.
9. Iniciativas preferentes del Ejecutivo (al menos dos), que si no son dictaminadas por el Congreso se consideren aprobadas, y referéndum si se trata de cambio a la Constitución. Esto favorecería la gobernabilidad. El problema es que se genera un desequilibrio: se incrementa el poder del Ejecutivo pero no así el del Legislativo. Serían necesarias medidas como la creación de la figura del Jefe de Gabinete, ratificada por el Congreso, para construir un puente sólido entre ambos poderes.
10. Facultad del Ejecutivo para presentar observaciones parciales o totales en materia presupuestal. Podría hacer más productivo y eficiente al Ejecutivo. La crítica es la misma: si esta medida no se acompaña de incentivos de cooperación con el Legislativo, surge un desbalance entre los poderes.
Pese a que es insuficiente y no está del todo bien articulado, el decálogo político de Calderón me parece plausible. Estimula el debate sobre dos temas muy importantes: la crisis de representación política y la gobernabilidad democrática.
Este debate debe ser abierto e incluyente. Mejorar la calidad de la democracia es un asunto que nos compete a todos. Urge en este país una vida pública distinta: más rica, más decente, más lúcida.
El autor es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la UDEM. berlangajl@yahoo.com
