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Consultas, ponencias y editorial de trabajo

Transaparentes por Ricardo Elias
17 de Diciembre de 2009

Ante las protestas que surgieron, y a petición del Instituto de Transparencia e Información Pública del Estado (ITEI), el Pleno del Congreso retiró de la discusión la iniciativa de reformas a la ley en esta materia.

Son muchas las modificaciones que querían hacer para reducir, y en algunos casos de plano eliminar, su obligación a informar, así como las sanciones a que se harían acreedores de no hacerlo.

Vean algunas de las joyitas de su propuesta: Excluir de la Ley de Transparencia los archivos públicos cuando éstos, por definición, son públicos; cambiar lo que se conoce como afirmativa ficta, es decir, que si el organismo o funcionario obligado por la ley a informar, no responde a una solicitud de información, se considerará que la información existe y deberá entregarse al solicitante, aunque sea información reservada, para establecer lo contrario: la negativa ficta, es decir, que si la autoridad no responde nada a una solicitud de información, se considerará que la información no existe, y por lo tanto no hay obligación para presentarla. O sea que, con solo no responder, no tendrían obligación de darnos nada.

Querían también eliminar la obligación del Legislativo de publicar permanentemente los montos económicos que le asignan a las fracciones parlamentarias y eximirlo de publicar los criterios de asignación de recursos, quiénes los reciben y los conceptos y fechas en que estos se aplican.

Y la mejor de todas, y que por sí sola nulifica la ley por completo: que los sujetos obligados a dar información, (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y toda persona, organismo público o privado que reciba, administre o aplique recursos públicos) sean los que determinen, por sí mismos, qué información es reservada y cuál no. En otras palabras: ¡ellos mismos decidirían qué información darnos y cuál no!

Qué inteligentes nos salieron los diputados. Corrijo: qué cabrones nos salieron los diputados.

El derecho de acceso a la información pública es sin duda el arma más eficaz para combatir la corrupción y forzar a la rendición de cuentas. Y si alguien conoce la eficacia y el control que una Ley de Transparencia sin subterfugios le puede dar al ciudadano es el propio Gobierno, así como los partidos políticos detrás del mismo. De ahí su reticencia a respetar este derecho ciudadano fundamental y sus permanentes intentos por modificar las leyes que los obligan.

La quieren modificar, no porque la actual la estén cumpliendo cabalmente, sino porque están hartos de que los ciudadanos les estemos preguntando qué hacen con nuestra lana, y porque quieren, a como dé lugar, hacer lo que les da la gana.

La ley establece que cierta información debe ser de carácter reservado: aquella cuya difusión pueda comprometer la seguridad nacional, menoscabar negociaciones o relaciones internacionales (como la grabación de Castro a Fox del comes y te vas, ¿se acuerdan?), dañar la estabilidad financiera del País, poner en riesgo la vida de personas, revelar secretos comerciales, etcétera, así como información confidencial, o sea, los datos personales de cualquier individuo, su domicilio, teléfono, expediente médico, origen étnico, racial, religión, características físicas, morales o emocionales, o cualquier información que afecte su intimidad.

Mantener en reserva este tipo de información es entendible y necesario, pero agarrarse de esto para no dar información de un contrato o no decir a quién le pagaron tal o cual cosa, porque los contratos y recibos contienen el domicilio de las personas involucradas, es simplemente no querer informar. En todo caso, que lo tachen.

Lo que pasa es que por lo general los funcionarios no son transparentes por convicción, más bien son opacos por definición. No son transparentes, son transaparentes (que transan con parientes).

¿Qué otra cosa se puede pensar de alguien que permanentemente se resiste a dar información, a rendir cuentas o a ser vigilado? Quien actúa así es porque tiene cosas que esconder o personas a quién proteger. Pocos son los que pueden decir con tranquilidad: a mí, que me esculquen.

Me voy de vacaciones. Qué bueno, dirán mis detractores, pero siento mucho decirles que no todo es para siempre. Nos vemos en enero.

japiniuyir.

eliasricardo@prodigy.net.mx