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Forcejeos en la opacidad por Héctor Aguilar Camín
12 de Noviembre de 2009

Increíbles las condiciones de baja rendición de cuentas que rigen los tratos de los gobiernos estatales con la Federación, y viceversa.

Reporta la prensa que en la Cámara hay un forcejeo de criterios entre los diputados responsables de asignar el presupuesto y la dueña de los dineros federales, la Secretaría de Hacienda. (Reforma, 11/11/09)

Desde que entró en vigor en 1978 un convenio de “coordinación” fiscal de la República, convenio que hay que desmontar de arriba abajo, prácticamente todos los impuestos que se recaudan en el país son federales.

La Federación cede después a los gobiernos de los estados “participaciones” y “aportaciones” que cubren casi todo lo que gastan estas peculiares soberanías políticas sin recursos propios.

La disputa se ha instalado nada menos que sobre los siguientes ejes:

1. Hacienda exige y los diputados se resisten a conceder que los gobiernos estatales sólo reciban lo que les da la Federación si demuestran haber entregado a Hacienda todos los impuestos federales que han cobrado, por ejemplo, los gravámenes que han retenido a sus trabajadores y las cuotas de seguridad social que les corresponden. Es decir, hay estados que reciben sus partidas de Hacienda sin haberle entregado lo que recaudaron para ella.

2. Hacienda exige y los diputados se resisten a conceder que en los acuerdos de proyectos financiados pari passu (un peso pone la Federación y otro el estado), el estado ponga primero su peso y luego lo ponga Hacienda, pues muchas veces, dice Hacienda, los recursos federales se quedan en las tesorerías estatales en forma ociosa sin cumplir el fin a que están destinados.

3. Hacienda exige y los diputados se resisten a conceder que se entreguen subsidios y se reasignen gastos a los estados mientras no haya indicadores de resultados o programas de evaluación que demuestren el buen uso dado a los recursos previos.

Los tres forcejeos no hacen sino evidenciar, a mi juicio escandalosamente, hasta qué punto el paso de dineros de la Federación a los estados se hace sobre bases muy endebles de transparencia y responsabilidad en el gasto de los dineros públicos.

No hay control sobre los impuestos al trabajo ni sobre las cuotas de seguridad social recaudados por los estados, no hay control sobre los fondos de inversión federales que deben ser completados con fondos de los estados, ni hay evaluación adecuada de cómo se gastaron los fondos de la Federación en las entidades federativas.

Notables forcejeos: transparentan la opacidad.

acamin@milenio.com