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Consultas, ponencias y editorial de trabajo

Marcelo Bergman / La reforma pendiente por Marcelo Bergman
14 de Septiembre de 2009

No tenemos Policía de investigación. Tenemos Policía de extorsión. Palabras más, palabras menos, esta frase resume la incapacidad de las autoridades por crear la institución más importante para combatir la inseguridad en nuestro País. Hemos construido una democracia, hemos mejorado la Justicia y el acceso a la información, hemos modernizado el País. Pero acarreamos con un pesado déficit: La "Judicial" sigue siendo inepta y peligrosa para los mismos ciudadanos.

La semana anterior leíamos en REFORMA que gracias a una investigación de la Policía federal y la PGJDF detuvieron a varios judiciales que colaboraban dando protección e información a la banda de "Los Petriciolet", aquellos secuestradores profesionales que, entre otros, plagiaron y mataron a Fernando Martí. No fue ni el único caso, ni el último. Ni siquiera nos sorprende. La Policía supuestamente más profesional del País colabora con los delincuentes más peligrosos.

Esta noticia lamentable se une a una larga lista de vejaciones y abusos de poder. Esta Policía de investigación fabrica pruebas, extorsiona a los ciudadanos, provee información al narco y a las bandas delictivas, facilita venganzas, viola derechos humanos y castiga inocentes. Estas dudosas "credenciales" no sólo ocurren en el DF sino en todas las entidades de la república: La Policía Judicial sigue descontrolada.

La gente les teme y desconfía de ella. Las encuestas a la ciudadanía indican que lejos de ver a la "Judicial" como un cuerpo de protección, la gente les teme casi como a los delincuentes. Y su nivel de corrupción es marcado. Por ejemplo, en la encuesta que el CIDE realiza a los internos en reclusión, estos dicen que quienes más los extorsionaron entre una larga lista que incluía la preventiva, el MP, los custodios de las cárceles y los funcionarios del juzgado, la Judicial ha sido la institución peor calificada.

¿Por qué tenemos una Policía de investigación tan mala y peligrosa? Porque concentra demasiado poder sin que haya un verdadero control efectivo sobre ella. A diferencia de la Preventiva, la Judicial es la llave para investigar y determinar las acusaciones penales, y el MP depende de los judiciales para detener a los presuntos responsables del delito. Es decir, la Preventiva sólo detiene en flagrancia y hace remisiones mientras que el MP sólo ordena peritajes y construye legalmente la consignación. Quien verdaderamente investiga y detiene a los delincuentes es la Judicial. El procurador, los MPs, y todo el aparato de justicia dependen de este eslabón. Como dice la especialista e investigadora Ana Laura Magaloni, es el verdadero talón de Aquiles de la justicia penal en México. Sin reformarla, no habrá una genuina "Justicia Penal" en el País.

A decir verdad las policías judiciales son "bravas" en todo el mundo. En México son particularmente más temidas y corruptas porque han concentrado mucho más poder que los gobiernos les fueron concediendo. Sin embargo, con el advenimiento de la democracia se las descuidó, y los lazos que la Judicial ya tenía con el crimen organizado parecen haberse incrementado. En forma muy simplificada podemos decir que antes los judiciales negociaban con las bandas y les imponían límites a su accionar, ahora son socias del crimen y extraen más rentas del delito. Los procuradores están a merced de los judiciales ya que si los corren o intentan controlar efectivamente, estos son capaces de producir más crimen. Una verdadera trampa a la que muy pocos quieren entrarle.

Pero tarde o temprano habrá que tomar el toro por los cuernos. No estamos frente a una manzana podrida sino frente a todo un sistema descompuesto que peligrosamente amenaza a la sociedad. Nuestro verdadero peligro no es el carterista del Metro ni el adicto a la cocaína, sino las bandas delictivas del crimen organizado. Sin una verdadera, competente y honesta Policía de investigación no hay ninguna probabilidad de ganar esta batalla.