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Juan E. Pardinas / Disfunción pública por Juan E. Pardinas
23 de Agosto de 2009

Al gobierno no le salen las cuentas. Hay una brecha entre el dinero que se esperaba recaudar durante 2009 y los fondos que efectivamente han entrado en las arcas públicas. Como los fondos no alcanzan, los tres niveles de gobierno han tenido que sacar las tijeras para ajustar sus presupuestos al shock de la realidad. Uno de los recortes más preocupantes fue una rebaja de 2 mil 500 millones de pesos a la Secretaría de Salud. Después de la emergencia sanitaria por la epidemia de influenza y la inminente llegada del invierno, la lógica dicta que se debería blindar el presupuesto de salud para aprovisionarse de vacunas y medicamentos antivirales. Aun sin la amenaza del virus A H1N1, por su importancia en el bienestar de la población, el gasto en salud no debería padecer los recortes que impone la austeridad. La Administración Pública Federal (APF) ofrece enormes áreas de oportunidad para hacer más eficiente el gasto, sin afectar a la población ni el funcionamiento general del gobierno.

En la página de internet de la Casa Blanca (www.whitehouse.gov) es muy fácil encontrar una lista de los ministerios que conforman el gabinete del presidente Barack Obama. Al revisar el inventario de las secretarías es imposible encontrar una oficina equivalente o similar a la Secretaría de la Función Pública. No existe una entidad burocrática semejante dentro de la estructura del gobierno de Estados Unidos. Cada dependencia de la Administración Pública de EU, desde el Servicio Postal hasta la NASA, tiene una Oficina del Inspector General que ordena la contabilidad interna y certifica el buen uso del dinero público. La red de oficinas de auditoría interna presenta sus reportes directamente a la Government Accountability Office (GAO), el órgano de fiscalización del Congreso de EU dedicado a vigilar el buen uso del dinero público.

En México despilfarramos presupuesto en burocracias redundantes. Además de tener órganos de contabilidad interna en todas las dependencias de la APF y la Auditoría Superior de la Federación, gastamos mil 500 millones de pesos anuales en mantener a la Secretaría de la Función Pública. En Gran Bretaña tampoco existe una oficina similar a la Sefupu, la National Audit Office, que depende del Parlamento, cumple la doble función de ser el auditor interno y externo del gobierno. Si México adoptara el modelo británico o de EU se podrían ahorrar miles de millones de pesos en cada sexenio.

La Función Pública tal vez se debería rebautizar como la Secretaría de la Duplicación o Disfunción Pública. La propia Ley Orgánica de la Administración Pública Federal confirma la redundancia de las responsabilidades de la dependencia. "Artículo 37.- A la Secretaría de la Función Pública corresponde el despacho de los siguientes asuntos: ... Establecer las bases generales para la realización de auditorías en las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal". La Auditoría Superior de la Federación tiene una labor idéntica. "Inspeccionar el ejercicio del gasto público federal y su congruencia con los presupuestos de egresos". ¿Ése no es el trabajo de la Subsecretaría de Egresos en Hacienda? "La evaluación que permita conocer los resultados de la aplicación de los recursos públicos federales". ¿Ésta no era la chamba del Consejo Nacional de Evaluación (Coneval)? "Formular y conducir la política general... para establecer acciones que propicien la transparencia... la rendición de cuentas y el acceso por parte de los particulares a la información que aquélla genere". ¿Y entonces para qué sirve el IFAI?

La Secretaría de la Función representa menos del 1% del presupuesto total del gobierno federal. Sin embargo, su gasto es equivalente al 60% del recorte a la Secretaría de Salud y prácticamente al 100% del dinero utilizado para comprar vacunas contra la influenza. Por medio de sus presupuestos inerciales y sus recortes al gasto es muy fácil identificar dónde están las prioridades del gobierno.