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Se entiende la euforia de los priistas, tienen mucho que celebrar: su partido recuperó el primer lugar nacional por la cantidad de Estados y Municipios que gobernarán, así como por las Legislaturas, federal y estatales, en las que serán mayoría.
Sin embargo, lo primero que deben entender para no perder piso y ubicarse en la realidad, es que su triunfo se debió más al castigo ciudadano al PAN por la falta de resultados en sus Gobiernos, que a la confianza en un PRI renovado. Tal como sucedió en el 2006 cuando, por un pequeño margen, el resultado favoreció al panismo, más por miedo a López Obrador que por una convicción ciudadana de que el PAN era la mejor opción, y mucho menos después del Gobierno de la dupla Fox-Sahagún.
Las cifras históricas de votación del priismo no aumentaron sustancialmente en esta elección: más bien el sufragio a favor del PAN se redujo drásticamente. Gracias al voto nulo (que finalmente no tuvo proporciones arrolladoras), y los sufragios anteriormente panistas y en esta ocasión otorgados a otros partidos, incluido el PRI, fue que éste se alzó con un holgado triunfo.
El segundo aspecto que deben considerar es el escepticismo de la población ante su vuelta al poder. Sirva de muestra la encuesta realizada el pasado martes en mural.com, donde un 85 por ciento contestó que no cree que los Alcaldes contratarán expertos para los puestos públicos, sino a amigos y familiares.
Pero ahora la diferencia estriba en que el ciudadano apartidista, desencantado de políticos y partidos políticos por igual, sabe que su voto vale y sirve para castigar sacando del Gobierno a quien no cumple.
Para saber si al PRI le ha servido ser Oposición para renovarse, hay que revisar justamente lo que ha hecho estos últimos años. No tiene caso ya recordar lo que hizo o no durante los 70 años que mantuvo un poder vertical.
A nivel nacional es difícil, por no decir ingenuo, esperar una transformación positiva en su forma de hacer política, cuando al frente de las fracciones priistas del Senado y de los diputados federales están personajes tan cuestionados como Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, cuyo trabajo tampoco ha dado resultados para presumirse. Sus esfuerzos se han concentrado en cuidar cotos de poder. No han movido un dedo para restar fuerza a los líderes sindicales que usufructúan con la afiliación forzosa de los trabajadores, ni para mejorar las condiciones económicas y educativas de los mexicanos, impulsando leyes y reformas de fondo -no aspirinitas que ya no sirven ni para bajar el dolor de los padecimientos-.
Al contrario, sus alianzas con partidos políticos como el PVEM (¡qué decepción la foto de Beatriz Paredes con el "Niño Verde"!) y con el Partido Nueva Alianza, feudo de Elba Esther Gordillo, son como para poner a llorar al más optimista.
Y en lo que toca al PRI jalisciense, las perspectivas no son mejores. El coordinador de los diputados priistas del Congreso local, Juan Carlos Castellanos, ha sido parte decisiva en dos hechos que atentan contra la transparencia en los recursos públicos y la rendición de cuentas de los funcionarios: uno, la forma en que los diputados eligieron a los dos consejeros y al presidente del Instituto de Transparencia (ITEI) es ejemplo de opacidad, falta de apego a la ley y subordinación de los legisladores a los intereses de partido y de grupos de poder.
Dos, la tristemente célebre partida 8000, hasta hace un par de años fue el medio por el cual los coordinadores de las fracciones de partido en el Congreso estatal recibieron, en total, cerca de 120 millones de pesos. Y Castellanos, al igual que los demás coordinadores, se niega a rendir cuentas de esos centavitos, bajo el argumento de que no son "sujetos obligados" de la Ley de Transparencia. Por algo los diputados se han esmerado en dejar al frente del ITEI a tres títeres.
Por supuesto, hay muchas acciones rescatables en el ejercicio político de los priistas. Un ejemplo, aun cuando no ha podido ser concretado, es la excelente iniciativa presentada por el diputado local priista Abel Salgado, para mejorar la situación de las personas con capacidades diferentes, la cual no contó con el apoyo suficiente para ser aprobada, a pesar de la urgencia de poner en práctica sus propuestas.
Sacar adelante este tipo de trabajos es lo que mantendrá al priismo un buen rato en el poder.
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