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Con ello se busca mantener aislada a la gente, ajena a la realidad, y se les entrega únicamente lo que al poder conviene. Para lograrlo hay quienes han ideado hasta sistemas (conjunto de partes que se necesitan entre sí para funcionar) con base en la corrupción, cooptación y hasta en represiones.
Si alguien entendió esta realidad fueron los creadores y operadores del viejo sistema político mexicano, al poner controles legales y políticos a la difusión de todo aquello que les perjudicara.
Era tan sofisticado y acertado ese sistema para sus propósitos de supuesta estabilidad política, que ello mereció reconocimientos de figuras como Mario Vargas Llosa, al calificarla de "dictadura perfecta" o el halago del comandante sandinista Jaime Wheelock, al calificarla como perfecta y "ejemplar".
Como si nunca hubieran pensado en perder el poder, los priistas escondieron permanentemente la información, los archivos institucionales eran casi inexistentes, las cuentas públicas en contadas ocasiones eran claras, los asuntos referentes al Presidente siempre fueron tratados como si se tratara de un asunto de Estado y de "seguridad nacional".
La información era un lujo reservado únicamente para "los importantes" y operado, en forma de espías, por otros pocos. La información real era usada para burlas o para reprimir a los opositores, o para ambas cosas. Igual se aplicaba para todos, no había distinción de ideologías.
Por eso, figuras como Fernando Gutiérrez Barrios eran tan "respetadas" pues su experiencia, servicios y lealtad al sistema tenían como respaldo lo que en verdad conocía, a través de tantos años en la estructuras mal llamadas de "seguridad nacional".
Por esas condiciones, para los mexicanos fue todo un gusto en los años ochenta comenzar a leer noticias que desvelaban la realidad, que le arrebataban al poder un poco de esos misterios, que se saltaban los controles de la información.
Aunque hay quienes se autoelogian y se regocijan como paladines de la libertad de información (en medio de un coro de cómplices e ingenuos), es de reconocer la pionera labor de EL NORTE de Monterrey cuando publicaba la fotografía de un mexicano vestido de charro, con una cartulina, en un aeropuerto de Madrid, protestando ante el Presidente De la Madrid por el fraude electoral.
O la adquisición de un avión por parte de la Presidencia de la República, camuflado entre las miles de cifras del presupuesto de la Federación; o las joyas adquiridas por la esposa de un ex mandatario; en fin, ejemplos abundan en esas históricas páginas.
Toda esta historia viene a cuento porque con esas mismas prácticas llegamos al año 2000, cuando se dio la alternancia en la Presidencia, con la llegada de Vicente Fox Quesada. Aunque para entonces es de reconocer la labor conjunta de los medios, había un número relevante de misterios encerrados por el poder, y si no existían tales, había poca credibilidad para aceptar su no existencia.
A través de una ingeniosa, efectiva y participativa idea, el Gobierno de la alternancia pudo promover la creación y puesta en práctica de la Ley Federal de Transparencia e Información Pública Gubernamental, la cual dio origen al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública.
Aunque sus alcances abarcan solamente la información pública de la Administración federal y sus sanciones se convierten prácticamente en recomendaciones morales, el IFAI ha sido hasta ahora el mejor instrumento para empezar a romper la cultura del patrimonialismo de la información, de la secrecía.
Al poder no le ha ido tan bien, como mejor ejemplo está el llamado "toallagate", la publicación de los elevados gastos en el menaje de la residencia oficial de Los Pinos en plena primavera del sexenio, lo cual, además, sirvió a los medios para marcar distancia de un régimen con una legitimidad y expectativa muy altas.
Desde entonces, los mexicanos hemos contado con una herramienta para enterarnos vía internet o por petición específica, de gastos, sueldos, procesos de decisiones que afectan o benefician a miles o millones de personas. Ciertamente existen imperfecciones, aún hay funcionarios que se especializan en hacer trampa para incumplir, o peor aún, que de la manera más descarada siguen ocultando la información con un cinismo digno de un monumento.
Pero aun así, los mexicanos hemos avanzado en el acceso a la información pública. Para quienes les da por criticar todo, regatean siempre los avances con simplezas como: "era su deber", "no es una concesión gratuita" o "los ciudadanos se lo arrebataron al poder".
Por posición ideológica o por simple fachada de "críticos" les cuesta trabajo aceptar que ese es un logro de este Gobierno de la alternancia; sin el acceso a la información pública, la transición de México no avanzaría, y en ese contexto, el IFAI es un logro del sexenio. Al tiempo.
