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Corrupción: peste social por Guillermina Gómora Ordóñez
28 de Febrero de 2012

Bochornoso, por decir lo menos, fue lo sucedido en el penal de Apodaca, Nuevo León, la semana pasada. La evidencia clara de que la corrupción se ha metido como la humedad en toda la estructura del poder y del tejido social. Es un mal endémico para el que parece no haber cura. Igual se presenta en el pago de impuestos que en la educación, en el respeto al medio ambiente y de la impartición de justicia ni hablar, ahí se convierte en moneda de cambio.

En noviembre pasado Transparencia Internacional (TI) publicó los resultados del Índice de Percepción de Corrupción (IPC) 2011, donde México nuevamente quedó entre los países peor evaluados. En el 2010 fue calificado con 3.7 y el año pasado con 3.0, lo que significa un descenso de casi el 19%; ocupa el lugar 100 de 183 países calificados en el mundo y el 120 de 32 latinoamericanos. Estas cifras reflejan nuestra terrible realidad y la poca importancia que como ciudadanos le damos a esta plaga.

La corrupción asola al mundo en todos los frentes, económico, político, cultural y social. No distingue raza, ni credo ni status. No es privativa de países subdesarrollados, lo mismo la padecemos en México que recientemente en Alemania, donde renunció el presidente, Christian Wulff, por la acusación de aceptar favores financieros. En Honduras costó más de 300 vidas durante el incendio de la cárcel, y en Brasil han dimitido más de 17 ministros del gobierno de Dilma Rousseff por este delito.

El rechazo a la impunidad y la exigencia de la rendición de cuentas de los funcionarios públicos cobra importancia en esta época electoral. Pongámosla en la agenda de los candidatos. La descomposición es diversa, incluso las medidas anticorrupción se han convertido en punto de origen para otras formas de envilecimiento. En el imaginario social mexicano nos vemos como una sociedad corrupta. Es vergonzoso y preocupante por las implicaciones que tiene en nuestro quehacer diario. En la formación de las nuevas generaciones.

El politólogo estadunidense Arnold J. Heidenheimer establece diferencias y matices de acuerdo con las percepciones éticas de la clase política y la opinión pública y lo plantea así: “Se llama corrupción negra a aquellas acciones más potentes y universalmente aceptadas como el soborno y la extorsión. La llamada corrupción blanda ocurre en el caso en que actos corruptos son aceptados ampliamente por las personas en el ámbito que se trate. Entre la corrupción negra y blanca se encuentra la corrupción gris, en la que se incluyen todas las conductas acerca de las cuales las elites y la opinión pública discrepan al momento de evaluarlas como corruptas o no”.

Lo cierto es que se trata de un abuso de poder, donde el temor y la ambición juegan roles importantes para que la corruptela se lleve a cabo y se trastoquen las normas de conducta sin considerar los efectos negativos en el corto y mediano plazo en los grupos sociales involucrados. La impresión de una corrupción extendida en los órganos de gobierno desalienta al ciudadano, lo involucra en este esquema cínico respecto de su operación y le hace ver al gobierno y al Estado como instituciones parasitarias enemigas de un hipotético interés colecitivo.

Las formas más comunes de este delito son el soborno, el nepotismo, la extorsión, la malversación de fondos y el desfalco. Se transforman en el abanico de nuestros males colectivos. Luego nos preguntamos y cuestionamos el porqué del avance del crimen organizado, del narcotráfico, de la mala calidad en la educación, de la degradación del medio ambiente, del incremento de las adicciones. Sin embargo, la respuesta está en nuestras manos. Reflexionemos antes de actuar, antes de aplicar “criterio”, como dice el policía para pedir la “mordida”.

En síntesis, la corrupción tiene efectos negativos sobre el sano desarrollo de la política, la economía y la conciencia de comunidad. Los terribles efectos de un ambiente extendido de falta de ética, los padecemos en carne propia. Combatamos este cáncer con valores éticos y morales en lugar de pedir más armas y soldados en las calles. Ganemos espacios a tareas constructivas de la sociedad.

VERICUENTOS

¡Hagan sus apuestas!

*Más allá del juego de las encuestas y las tendencias en las que el presidente Calderón aventuró que hacia el final de la elección la ruleta se fijará en un 2.5 por ciento de diferencia y conmino a los consejeros de Banamex a hacer sus apuestas, el punto clave para el PAN y el Presidente es que, mientras no se detenga la criminalidad y la violencia, difícilmente podrán revertir el desenecanto y preocupación de millones de ciudadanos por la inseguridad que se vive en el país.

Jueces en riesgo

*El IFE y el Trife han soportado presiones tanto de partidos políticos como de poderes fácticos que a toda costa han tratado de llevar “agua a su molino”. Una cosa es tratar de perfeccionar el funcionamiento de estos organismos, y otra poner en tela de juicio su viabilidad y neutralidad, como lo ha pretendido hacer la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión. Hoy más que nunca es urgente regresarles su carácter autónomo y ciudadano a estas instituciones.gomora@cronica.com.mx